viernes, 20 de mayo de 2011

Una vez más, gracias

A viernes y por aquí. Tres meses después. Otra vez en la brecha.

La Revista Oficial NBA ha vuelto a publicar uno de mis artículos como Artículo del Mes. En este caso se trata de «Lágrimas», posteado en el blog unas semanas atrás.

Una vez más me faltan las palabras. Sólo puedo daros las gracias.

A los que lleváis ahí desde el primer momento, pero también a los recién llegados.

Gracias nuevamente. Con la cabeza y con el corazón.


Un saludo.

domingo, 15 de mayo de 2011

La etiqueta

Para rememorar el comienzo de la travesía, hemos de poner la vista cinco años atrás. Unos Mavericks de juego vivaracho, alegre y combativo llegan a los Playoffs con 60 victorias de Regular Season en su haber. Aprovechan el billete hacia la post-temporada y, por primera vez en su historia, se presentan en las Finales de la NBA. Tras muchos años luchando por alcanzar este momento, tienen el título a tiro de piedra. Parten como claros favoritos y confirman los augurios del mundo liderando la serie con un 2-0. Esta situación aparentemente favorable no hace más que engrandecer el posterior fracaso de los chicos de Cuban. Los Mavs acaban cayendo ante los Heat de Wade y O'Neal en una serie a 6 partidos.

Aquella fue la derrota de los cobardes. El planteamiento del entonces técnico de Dallas, Avery Johnson, y la abulia del astro germano y MVP de la temporada regular, Dirk Nowitzki, condenaron a los suyos a una estrepitosa caída. La final se les antojó una gesta desmedida. Tanto los aficionados como los medios acudieron raudos a dar la primera puntada a la etiqueta de perdedor al combinado blanquiazul. Una marca difícil de borrar.

Los meses de verano se sucedieron paulatinamente y los texanos ansiaban quitarse la espina. La siguiente temporada dió el pistoletazo de salida y los Mavericks cosecharon 67 triunfos esta vez, con la esperanza de lograr el título que un año antes se esfumó ante su atónita mirada. Partían como líderes por el Oeste, y el choque en la primera serie contra unos Warriors que se habían colado por la mínima en post-temporada no parecía suponer una dura prueba. Craso error.

Una marabunta de aficionados pertrechados con banderas y pancartas permitió que se obrara el milagro. Corrían por aquel entonces los días del «WE BELIEVE». Los de Dallas, más favoritos que nunca, volvían a casa con las manos vacías, cediendo ante el rival más débil y dejando de lado los focos sin hacer ruido. La etiqueta se convirtió en tatuaje.

La franquicia de Texas lo tenía difícil. Ya no era ni mucho menos el equipo de moda, y su pilar maestro, Dirk Nowtizki, no parecía el líder que le concedería a Mark Cuban su capricho en forma de anillo. Estos Mavs traían al imaginario colectivo reminiscencias de aquellos Kings de principios de siglo que quisieron y no pudieron. O tal vez pudieron y no quisieron.

Todo parecía perdido hasta comienzos de 2010. En este punto, desembarcan Butler, Haywood y Stevenson. Y de su mano, una racha de 11 victorias consecutivas. Los Mavs recuperan la confianza sólo para volver a chocar de bruces con la realidad. Caen nuevamente en post-temporada, esta vez ante los Spurs. Su historia es la crónica de un fracaso anunciado y el rótulo permanece indeleble. Hasta hoy.

Tras apear al vigente campeón de la lucha por la gloria, los medios comienzan a hablar de la resurreción Maverick y el alemán que los lidera no puede evitar volver a soñar con las mieles del triunfo. A día de hoy, los suyos se sitúan en una final de conferencia hipotéticamente favorable y las Finales vuelven a encontrarse a un paso. Tras ellas, el anillo. El mismo que les permitirá desmarcarse del tópico y arrancarse de una vez por todas la etiqueta.

Esa maldita etiqueta.


Un saludo.

domingo, 8 de mayo de 2011

Laker Pride

«Mr. Clutch.» «El orgullo de los Lakers.» «Zeke from Cabin Creek.» Mil y un diferentes apelativos para referirse a un solo hombre. El mismo cuya silueta, a día de hoy, conforma el logo de la NBA. Jerry West.

A lo largo de la historia de la competición, son pocos los escoltas que han combinado la incisiva letalidad en ataque con la férrea determinación en defensa de las que hacía gala una noche tras otra el de Virginia. Su sangre fría a la hora de decidir partidos le granjeó el respeto de muchos de sus rivales a lo largo y ancho del país, mientras que su afán por competir hasta el último segundo cada choque llevó a los Lakers a conseguir un abono vitalicio para las Finales de la mejor liga del mundo.

El arsenal que lucía el militante de los entonces Minneapolis Lakers era el de un anotador letal. No prodigaba unas capacidades físicas espectaculares, desde luego. Ese nunca fue su juego. Su despliegue de medios pasaba más bien por una acerada intensidad en cada jugada, acompañada de la constante búsqueda de la perfección. 

Su promedio de 30 puntos por partido durante la Regular Season concedió a los suyos el billete a la post-temporada en numerosas ocasiones. Una vez allí, nada ni nadie podía pararlo. Una defensa inamovible, una nariz rota, dolores musculares... West nunca se rindió. Este ímprobo esfuerzo se tradujo en seis apariciones en la Final, que, a su vez, no fructificaron en forma de anillo. Unos hegemónicos Celtics se encargaron de dinamitar sus sueños incansablamente, una y otra vez, hasta contar cinco. El sexto mazazo vino de la mano de los Knicks.

Con todo ello, en el séptimo choque de 1969 ante la gran C, Jerry jugó lesionado. Sus 42 puntos, 13 rebotes y 12 asistencias bien le valieron el MVP de las Finales, erigiéndose así como el primer jugador del equipo perdedor al que se le otorgaba tal galardón. Tras esta proeza, siguió combatiendo junto a los suyos, autoproclamándose líder —mediante actos, que no palabras— cuando una grave lesión de rodilla sobrevino a Wilt Chamberlain. Finalmente, numerosos achaques forzarían su retirada en 1974.

Sin embargo, West nunca cortó su vínculo con la única franquicia cuya camiseta vistió en sus años como profesional. Tras abandonar el parqué, comenzó para él una travesía fuera de la cancha, pero dentro de la organización. Primero, entrenador, más tarde, ojeador y finalmente, General Manager. El mismo que participó de manera activa en la fragua de la dinastía de los 80, encabezada por Magic, y más tarde devolvió la gloria a los suyos vistiendo de púrpura y oro al tándem Shaq-Kobe, cerrando así una trayectoria de casi cuarenta años batallando por y para su equipo.


Posiblemente me esté volviendo loco, pero creo que vamos a ganar esta serie».»

Palabras de Bryant tras la tercera derrota de los angelinos. 


El espíritu Laker sigue vivo. Ahora más que nunca. Con un 0-3 en contra destellando en el marcador. Los jugadores, el cuerpo técnico, los aficionados. Todos lo saben. No importa si les lleva o no al anillo. Saben que ha llegado el momento de sudar sangre y lágrimas. De no bajar los brazos. De apretar los dientes. De dejarse la piel en cada balón suelto. De pelear cada rebote hasta desfallecer.

Ha llegado el momento de seguir el ejemplo de Jerry.


Un saludo.

domingo, 1 de mayo de 2011

WE BELIEVE

Comienzos de mayo de 2011. La segunda ronda de los Playoffs da el pistoletazo de salida, y, a pesar de declararse como un devoto incondicional de los Suns, enamorado de la elegancia y la magia del incombustible Steve Nash, uno no puede evitar sentirse un poquito Grizzly en su fuero interno. 

Echemos la vista sobre lo acaecido un par de madrugadas atrás en el FedEx Forum. Poniendo los ojos en este pequeño pedazo de historia reciente, enfundarse la equipación de los de Memphis, aunque sólo sea de manera pasajera, resulta inevitable. Revisemos los antecedentes.

Temporada 2003-04

Memphis Grizzlies estrena aparición en post-temporada. Nunca antes el equipo había aguantado sobre el ring hasta estos compases. Sin embargo, aquí están. Años de esfuerzo y reajustes terminan germinando y dando por fruto el anhelado billete hacia los Playoffs. Con un Pau Gasol con todo por demostrar, bisoño, inexperto e imberbe, como adalid de esta particular cruzada, el modesto conjunto emprende la marcha sin demasiada convicción para acabar chocando contra un muro inamovible.

Sobredosis de realidad en forma de barrido —4-0— ante unos Spurs ya consolidados pero todavía jóvenes que terminarían por consumar una dinastía propia en la década del 2000. Llegar vivos hasta mediados de abril para ceder su plaza sin poder pelear ni tan siquiera un solo encuentro se antoja amargo trago.

Temporada 2010-11

Unos envejecidos San Antonio Spurs cierran una sorprendentemente brillante temporada regular, luciendo el mejor bagaje victorias/derrotas en el Oeste y alzándose con el primer puesto. El rival a batir no es otro que Memphis Grizzlies, un viejo conocido que se ha clasificado con el octavo puesto y, a priori, no debiera suponer origen de holgadas dificultades. En Texas respiran con alivio. El primer choque tiene lugar en AT&T Center. El favorito parte con la ventaja de campo que peleó con uñas y dientes durante el transcurso de la Regular Season. Los de Popovich son ajenos al milagro que en esos momentos se está fraguando frente a ellos.


El equipo que años atrás, liderado por el abanderado de nuestro baloncesto nacional, cayó ante el rival más fuerte, dejándolo incólume por completo, sin capaz de asestarle un único zarpazo en forma de victoria, se alza sobre su némesis. Esta vez, es otro de los Gasol el que, no como líder, pero sí como pieza clave, participa en la proeza. El hermano menor de aquel que desfalleció siete años atrás, el mediano de entre los de su estirpe, logra ver consumada su particular venganza y da el siguiente paso con firmeza. Los de Memphis escriben de su puño y letra su propio renglón en la historia como el tercer equipo que, en 64 años y desde un octavo puesto, consigue apear de la pugna por el título al primero de la promoción. Y el resto forma ya parte de la memoria colectiva de este deporte. Los Grizzlies nunca volverán a ser ninguneados.


Tal vez sea porque dejarse llevar por la épica que destila la victoria de David sobre Goliath conforme algo inherente al ser humano. 

Tal vez sea porque no deja de conmovernos que aquello que el hermano mayor no pudo acometer ayer, lo acometa el menor hoy. 

Llegando al terreno personal, tal vez sea porque aún me duele que hayan sido precisamente estos Spurs los que dejaron sin opciones de alcanzar el anillo a los Suns durante los últimos diez años. 

O tal vez todo gire en torno al hecho de que todos aquellos que llevamos teñida la sangre con los colores de nuestro equipo, alguna vez nos hayamos visto forzados a gritar hasta perder la voz una consigna que, situada lejos de efectismos, se muestra clara, firme y simple. WE BELIEVE.


Un saludo.