domingo, 19 de febrero de 2012

Cerrado por derribo

Nunca he pretendido construir una obligación para conmigo mismo ni para con nadie alrededor de esto. Lo que uno escribe ha de venir de dentro. De la cabeza o del corazón, tanto da. 

Por esta, y por muchas y diversas otras razones, este domingo nos saltamos la publicación.

No contemplo el convertir esto en una tónica. Ni muchísimo menos. El próximo fin de semana tenemos All-Star y a la guinda invito yo.

Un saludo y enhorabuena al Real Madrid por la Copa.

domingo, 12 de febrero de 2012

Los que son y los que están

A escasos veinte días del fin de semana de las estrellas, se hacen públicos los banquillos escogidos por los técnicos para defender Este y Oeste. Llegados a este punto, periodistas y aficionados se apresuran a emitir juicio y dictar sentencia sobre el acierto o el yerro de llevar a tal o cual jugador a la cita en cuestión. Desde nuestro rincón, nos expedimos la licencia de hacer lo propio. No hablaremos de titulares, pues, atinados o no, los designios de la masa son incuestionables. Comencemos.

Los que están

Dirk Nowitzki

La presencia del '4' teutón en el All-Star ha sido objeto de crítica desde el momento en que vio la luz la decisión de llevarlo. El nivel mostrado hasta el día de hoy no parece ni tan siquiera el suficiente como para que el germano se considere a sí mismo merecedor de este reconocimiento, como hizo saber recientemente ante los medios. Sin embargo, veteranía, liderazgo y una impecable trayectoria aderezada con un anillo la pasada temporada, parecen credenciales suficientemente válidas como para verse traducidas en el billete a Orlando. Si bien existen ala-pívots a un nivel superior en el Oeste, tomando en cuenta todo lo anterior, su presencia no puede tacharse de flagrante, como ha podido leerse en diversos rincones de la red. Los actuales campeones no podían quedar sin representación en esta cita.

Steve Nash

Un caso similar al citado líneas arriba. A nadie le quedan dudas de que el base canadiense ya ha vivido sus mejores años y está lejos de ser un MVP. Ronda los 15 puntos por encuentro, cifra modesta si la contraponemos a la de otros jugadores exteriores del Oeste. Sin embargo, con 38 inviernos a sus espaldas, el base de los de Arizona sigue asentado en el trono de máximo asistente en la mejor liga del mundo, superando las 10 asistencias por partido. Como guinda de este pastel de cifras, un acierto en el tiro de campo del 56%. Los números, unidos a esa facilidad innata que posee para involucrarse en el show y al hecho de que, probablemente, sea su último partido de las estrellas, dejan claro, a mi entender, que su presencia es más que merecida.

Luol Deng

Alejándome de mi sentir habitual, considero que el All-Star constituye una rara y exclusiva excepción en el que los logros individuales y la capacidad de ofrecer espectáculo al espectador deben primar sobre lo conseguido por el equipo de uno. En este particular, nos encontramos ante un buen jugador, que no una estrella. Sus avales; 15 puntos, 7 rebotes y formar parte de un equipo puntero y prometedor en el Este como lo son los Chicago Bulls. 

Roy Hibbert

Llegamos a la más agria de las presencias. Un pívot que promedia 13 puntos y algo menos de 10 rebotes por noche se encuentra con una invitación al fin de semana de las estrellas. ¿Quién es el culpable? Ni el público, ni el técnico, ni el propio jugador. Como veníamos diciendo meses atrás, el '5' es una especie en peligro de extinción. El que no lo vea claro, queda invitado a sentarse y reflexionar. 

- ¿A quién llevaría yo para suplir a Howard?

Los que son

Josh Smith

Consistente, fiable, efectivo y, ante todo, espectacular. Mejora temporada tras temporada a un ritmo lento pero seguro y no parece tener techo. Para hacerlo más sangrante, los Atlanta Hawks se encuentran a un paso del podio en la Conferencia Este, por lo que no podemos achacar su ausencia a los malos resultados de su equipo. ¿Qué más puede hacer Josh Smith para demostrar que es una estrella? Incomprensible a todas luces.

Rajon Rondo

Un año después, la gran C pasa de contar con cuatro representantes a uno solo, y no estamos hablando del base joven y huraño que los dirige, sino del padre del proyecto, Paul Pierce. Aquello de dejar fuera al primero cuando dedica noches alternativas a flirtear con el triple-doble, sólo puede entenderse a la luz de sus numerosos y diversos lances con las lesiones.

Paul Millsap / Al Jefferson

La divina pareja interior que mantiene a flote a unos Jazz a medio gas, milagrosamente por encima del 50% de victorias. Mucho se ha hablado a favor tanto de uno como de otro, apelando a números y estadísticas de todo género. Ambos están jugando a un nivel espectacular, y haciendo grandes cosas por su equipo, pero escoger a uno de ellos implicaría renunciar al intocable Love, que tal vez mereciese la titularidad más que nadie, a una leyenda viva como Nowitzki, o a un LaMarcus Aldridge que lleva unos meses ganándose a pulso el billete. Estos chicos no venden. Tal vez en otra ocasión.

En el tintero nos dejamos, para no perder la costumbre, a unos tantos que debieron ir allá o quedarse acá, pero la consabidas limitaciones de espacio, formato y, por encima de todo, tiempo, vuelven a hacer de las suyas. Lo que a los ojos del que escribe es esencial, queda aquí expuesto. El resto corre de parte del que lee.

domingo, 5 de febrero de 2012

Buen vino

El seguidor común de la NBA. El reportero al que le corresponde la entrevista de turno. Incluso el fan incondicional de los Suns. Las dudas que acuden a la garganta de aquellos a los que acabo de mentar no difieren en demasía unas de otras.

-¿No va siendo hora de pedir un traspaso? 

-¿Acaso no mereces una oportunidad de ganar el anillo antes de retirarte?

Antes de que la pregunta termine de ser lanzada, el destinatario de la misma, haciendo gala de ese maravilloso don suyo para anticiparse a aquello que le rodea, la recoge al vuelo y lanza de vuelta la correspondiente respuesta, siempre invariable.

- No. No es mi estilo. Tal vez forme parte de la vieja escuela, pero un compromiso me une a mi equipo. Me debo a la organización, a los fans y a mis compañeros.

A dos días de su trigésimo octavo cumpleaños, Steve Nash se mantiene firme, y no tiene intención de pedir el traspaso. Los directivos, por su parte, no contemplan como opción el dejarle ir, a no ser que el canadiense exprese el deseo de marcharse motu proprio.

Y todo ello, a pesar de que a estos nuevos Suns les cueste llegar a las tres cifras en anotación. A pesar de  que apenas conserven medio roster del pasado año. A pesar de que, por mucho que así lo queramos, Channing Frye no sea una sombra en el pick & roll de lo que fue el ya desaparecido Stoudemire. A pesar de que la promesa del fichaje de Lamar Odom, '4' inteligente donde los haya, nunca llegase verse cumplida.

Steve mantiene la mente despejada y las manos ágiles. Por cada encuentro, 15 puntos, 10 asistencias y 38 inviernos son sus credenciales. Y seguirá adelante durante dos o tres años más. No por el hecho de igualar a John Stockton en aquello de pisar el parqué con 40 años a la espalda. No. Todo se torna mucho más sencillo cuando se recurre directamente a él.

-No tengo ninguna intención más allá de jugar contra los mejores mientras me sea posible.

Desde este punto, podríamos retrotraernos a los penúltimos playoffs, y recordar cómo el equipo llegó hasta la Final de Conferencia, para plantarle cara a unos Lakers que finalmente se alzaron con el anillo. Todo ello para constatar que aquellos que dos años atrás constituían el referente ofensivo en la mejor liga del mundo, quedan muy lejos de ser capaces de reconocerse a sí mismos. Y después, preguntarnos por qué.

Cerrando los ojos y apretando los dientes, podríamos sumergirnos a mayor profundidad en las aguas del tiempo, y llegar a rozar con la punta de los dedos los tiempos de Nash-Marion-STAT, pero no nos gusta sufrir por sufrir. 

Resta la posibilidad de escoger el camino del medio, y criticar cómo uno de los mejores bases que ha dado la historia de este deporte se conforma y se decanta por la comodidad que entraña lo continuo. La ausencia de cambio. La vida en el desierto.

Entretanto, los más ingenuos nos limitamos a aplaudir.

domingo, 29 de enero de 2012

La otra historia

17 de junio de 1986. Draft de la NBA. Un chico de Landover, Maryland, resulta escogido por los Boston Celtics con el número 2. Una joven promesa que venía de pulverizar récords en el college. Llevaba cosida una etiqueta en la que se podía leer «El alero más completo que jamás haya salido de una universidad». Dos días después, muere por arritmia cardíaca, originada por una sobredosis de cocaína. 


Como muchos habrán deducido ya, el malogrado que falleció mientras celebraba la consecución de su sueño se llamaba Len Bias, y su historia es sobradamente conocida por aquellos que amamos este deporte.

Sin embargo, hubo otro muchacho que fue elegido después de él. Los Warriors decidieron que su pick número 3 se vería traducido en la adquisición de Chris Washburn. Al contrario de lo que ocurre con Bias, son pocos los que se acuerdan de este prometedor pívot. Pero su historia, no por menos conocida, resulta menos trágica. 

Su reputación lo precedía cuando aterrizó en el draft. Considerado uno de los 3 mejores jugadores de highschool antes de fichar por la potente universidad de North Carolina State, Chris era un atleta consumado, con una coordinación muy poco común para un jugador de sus dimensiones. El futuro le pertenecía.

La misma noche en que Len Bias celebraba su elección por parte de los Celtics, a 300 km de allí, Chris Washburn hacía lo propio de una manera similar. 

A la mañana siguiente, alguien reconoció a Chris por la calle.

- Eh, chico, ¿has oído lo que la ha pasado a Len?

- No. Deja de mentir.

El chico compró el New York Post y comprobó que los rumores eran ciertos. 

Transcurrieron los días, y arrancó la temporada regular. Chris parecía comenzar a colocar los cimientos de su carrera NBA en un partido contra los Knicks. Los suyos iban 23 abajo, y el chico convirtió 16 cartones. Poco después, una tendinitis se cebó con su tobillo. Los antiinflamatorios que la combatían, se cebaron a su vez con su riñón. El cóctel derivó en una generosa temporada en el dique seco. Y cuando se quiso dar cuenta, se vio reconociendo públicamente su adicción a la cocaína e ingresando en una clínica de desintoxicación.

Tras su supuesta rehabilitación, recaló en los Hawks. Tras tres controles anti-droga positivos, fue expulsado de la liga de manera definitiva. A sus espaldas, 2 temporadas NBA, 72 partidos, 3 puntos por encuentro y un futuro en ruinas.

Desde este punto, pasó a ser un sin-techo en la calles de Houston. Dormía en fumaderos de crack, casas abandonadas o a la intemperie. Comía de lo que pedía, robaba o rebuscaba en la basura. Se vio involucrado en numerosos y turbios menesteres, recibió un disparo en un pie, y terminó ingresando en prisión durante tres años por tráfico de sustancias.

A día de hoy, Washburn lleva 12 años limpio. En 2000 consiguió rehabilitarse de manera definitiva y ahora trabaja como agente de cobro de hipotecas. Colabora en una asociación que cuida de aquellos que viven en la calle y ayuda a otros ex-jugadores NBA que siguieron sus mismos derroteros y enfrentaron problemas similares.

Chris supo reinventarse. Luchó contra su adicción y por la redención. Otros no tuvieron la suerte.

O el coraje.