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domingo, 10 de abril de 2011

El cariz de las cosas

Domingo 10 de abril. Tres son los partidos que median entre la temporada regular y los Playoffs. El mundo entero —el de la canasta, vaya— se abandona a la locura, sumergiéndose en mil pronósticos y quinielas. Desde aquí, procederemos a un liviano análisis sobre los equipos que, a primera vista, mantienen las opciones más firmes de cara a paladear las mieles del anillo. Sin más dilación: los favoritos.

Los Angeles Lakers

El vigente campeón conserva intactas sus opciones para alzarse con el campeonato. A pesar de los numerosos baches a los que ya nos vienen acostumbrando —en estos precisos momentos, encadenan 4 derrotas consecutivas— , originados en numerosas ocasiones más por la abulia y la falta de motivación que por la ausencia de talento, los angelinos poseen sólidos argumentos para defender lo que es suyo. 

Si bien es cierto que en el seno de la sociedad Bryant-Gasol  han surgido ciertas disensiones en los momentos en los que el viento no soplaba a su favor, la pareja sigue carburando a la perfección siempre que hay algo más en juego. Su liderato en el not so wild West sólo se ve denegado por la soberbia temporada que han cuajado unos Spurs que se muestran incombustibles año tras año. Desde aquí, no se me encoge la voz a la hora de sostener que parten como favoritos.

                                                                                      Chicago Bulls

Desde la retirada de un tal Michael Jordan, los Bulls han permanecido a la sombra durante años, cerrando temporadas un intento tras otro con más pena que gloria. Jalen Rose, Ben Wallace, Kirk Hinrich, Tyson Chandler... son mil y un nombres los que han pasado por la Ciudad del Viento llevando en la mente como meta última la de equiparar sus éxitos a los de el jugador más grande que jamás haya pisado una cancha de baloncesto. Como cabía esperar, los fracasos estrepitosos se sucedieron uno tras otro.

Ha sido esta temporada, con la denotación de una bomba que lleva por nombre Derrick Rose, cuando los Bulls realmente han levantado la cabeza y apretado los dientes. Este año, sí. La incorporación de Carlos Boozer y la consolidación de Noah como referencias interiores, la batería de tiradores que han pasado a engrosar sus filas y el nombramiento de Thibodeau como entrenador del conjunto de Chicago les han traído hasta donde están. Desafiando al actual campeón cara a cara.

Boston Celtics

El gigante jurásico. Los Celtics vienen de disputar 2 finales y ganar un anillo en los últimos 3 años. No suena como para tomarlos a la ligera. Y si retrotraemos al rearme llevado a cabo durante el pasado verano, amén de otros movimientos más recientes —también más cuestionables—, creer que los verdes no están preparados para un último asalto se antoja una quimera.

La gran C ha demostrado de lo que es capaz durante la temporada regular, luciendo al cierre un bagaje de 55 victorias por 24 derrotas y sitúandose en el segundo lugar por el Este. Este combinado de viejas glorias sabe bien que se trata de ahora o nunca.



                                                                                         San Antonio Spurs

Resulta imposible no tener en cuenta al conjunto texano cuando hablamos de candidatos, considerando que parten desde la primera posición en el Oeste. De un grupo en el que prima el concepto de «equipo» sobre el afán de protagonismo y los egos individuales y al que cuya filosofía ha llevado a conquistar 4 campeonatos durante los últimos 12 años, se puede esperar que aspire a todo. A pesar de ello, resulta a todas luces evidente que mantener el nivel mostrado hasta el momento no será sencillo. 

Las primaveras pasan y pesan sobre los hombros de los hombres. Y poco importa si tu apellido es Duncan o Ginóbili. Los años no perdonan, y no van a hacer una excepción con los chicos de Pops. Es por ello que, aun después de la brillante temporada que han cerrado, defiendo que el ritmo de los Spurs seguirá una tendencia negativa una vez quede clausurada la regular season.


Por el camino dejamos a otros cuyas aspiraciones, desde mi sesgado punto de mi vista, quedan separadas de las de los que aquí aparecen. Los Heat por descoordinación, los Mavericks por antecedentes, los Magic por descompensación... 

Sea como fuere, siempre me cabrá esperar que el tiempo o alguna que otra leyenda viviente me quiten la razón.


Un saludo.

domingo, 9 de enero de 2011

Querido enemigo

Los trapos sucios de Tony Parker salen a la luz y desembocan en ruptura con la señorita Longoria. El alma  de la dinastía que ha regido la liga con mano de hierro durante los últimos años, Tim Duncan, se encuentra en caída libre. Las últimas adquisiciones que llevó a cabo el equipo parecen condenadas al banquillo. 

Para los devotos incondicionales de los Suns, parece a simple vista un cuadro agradable. Deberíamos estar frotándonos las manos. Pero no. Por mucho que nos duela, ahí siguen los Spurs, aguantando el chaparrón. Liderando la competición con un 30-6. Pecata minuta.

Los de San Antonio venían de «colarse» por la mínima en post-temporada el pasado año, con 50 victorias peleadas con uñas y dientes hasta el último momento en una conferencia Oeste muy competitiva. El verano sirvió para hacer ajustes, para que el francés y al argentino descansasen y, por supuesto, para que los años siguiesen pasando, no en vano, por Tim Duncan.

Tras estos antecedentes, llega la sorpresa. En los primeros compases de la presente temporada, nadie ha sido tan bueno como los Spurs. De hecho, ni siquiera ellos mismos recuerdan un arranque semejante en su historia como franquicia. No, tampoco en los años en que se coronaron campeones. ¿Alguien puede explicarme qué esta pasando en AT&T Center?

La otrora estrella del combinado texano, Tim Duncan, ha cedido el puesto de líder —al menos sobre el parqué— a Ginóbili y Parker, una de las parejas exteriores más letales de la liga. Entre ambos, han relegado su producción anotadora al tercer puesto en el equipo. Y todo ello sin contar demasiado con el que parecía la gran adquisición del verano, Tiago Splitter, el gigante brasileño de 2,13, al que, en un primer momento, se le suponía abocado a quitarle minutos a Tim.

Veamos a donde quiero llegar. A la hora de hablar del MVP, existe una ley tácita no escrita con la que la inmensa mayoría comulga, que afirma categóricamente lo siguiente:

Los mejores jugadores están en los mejores equipos.

Se podrá o no estar de acuerdo con esta máxima, pues al fin y al cabo, podríamos catalogar semejante afirmación como una mera opinión. Sin embargo, si echamos la vista atrás, veremos que el premio al jugador más valioso siempre acaba en manos de aquellos que militan en equipos con serias aspiraciones al título. Kobe Bryant es un vivo ejemplo de ello. Le fue negado un galardón que a todas luces la liga le debía hasta el mismo momento en que se consiguió coordinar a un equipo competitivo a su alrededor.

Llegados a este punto, resulta obvio que el siguiente paso consiste en preguntarse: ¿quién es el mejor jugador del mejor equipo? Si nos remitimos a los números, Manu Ginóbili, un tipo que con 33 primaveras a sus espaldas luce una clase increíble, parece el candidato más firme a sostener semejante honor. ¿Qué debemos hacer, entonces? ¿Concederle el premio al jugador más valioso a un tipo que promedia menos de 19 puntos y aproximadamente, 4 rebotes y asistencias por partido? Probablemente haya muchos jugadores en esta competición que lo merezcan más, ¿no?

Que nadie se confunda. No pretendo cuestionar a un equipo que está mostrando una solidez envidiable durante este primera mitad de temporada. Tampoco quiero decir que Gregg Popovich esté haciendo mucho teniendo muy poco, pues eso constituiría un insulto inmerecidísimo hacia jugadores de inconmensurable talla. Sólo intento dejar claro que, le pese a quien le pese —a mí el primero—, hay otros que, teniendo mucho más, consiguen mucho menos.


Un saludo.

domingo, 2 de enero de 2011

Los viejos rockeros nunca mueren

25 puntos, 8 rebotes, 2 asistencias.

¿De quién estoy hablando? ¿Kevin Durant, tal vez? ¿Quizás Amar'e Stoudemire? Podría tratarse de Blake Griffin, últimamente está en boca de todos. Sea como fuere, tiene que ser forzosamente alguno de esos jugadores que tanto venden en los últimos meses.

Craso error. Estoy hablando de Dirk Nowtizki. A alguno lo mismo le suena. Por si las moscas, me pongo en antecedentes.

El alemán lleva trece años jugando y destacando en la mejor liga del mundo. Destacando hasta el punto de ganar el MVP en la temporada 2006/07. Sin embargo, en el ámbito colectivo, su recompensa ha sido únicamente la de permanecer en un equipo que sólo puede presumir de llevar el cartel de «eterna promesa» por los siglos de los siglos y de tirar por la borda su oportunidad más clara de ganar un campeonato. 

Su mejor amigo fuera de la cancha y su mejor socio dentro de ella, Steve Nash, abandona la franquicia. Su presidente no deja de abrir la  boca para provocar problemas. Su equipo no posee un vestuario competitivo. Su propia novia le estafa. Minucias. Dirk siempre está ahí, al pie del cañón. 32 años y se mantiene al más alto nivel, constituyendo una de las principales referencias interiores de la liga. A este alemán le queda mucho baloncesto fluyendo por sus venas.


23 puntos, 15 asistencias, 4 rebotes.

¿Y esta vez? Estamos ante los números de un base, eso parece claro. Uno joven y explosivo, seguramente. Derrick Rose o Rajon Rondo, tal vez.

¡Oh, sorpresa! Erramos nuevamente. Nos encontramos ante la actuación del incombustible Steve Nash hace unos días contra los Sixers. Ya he hablado de él en otras ocasiones, poco más puedo añadir.

Como en el caso de su ex-compañero e íntimo amigo, Nowitzki, Steve no ha recibido más premio que dos MVPs en temporada regular. Casi nada. Irónicamente, en el apartado colectivo, allí donde realmente siempre ha destacado, no ha visto recompensado su esfuerzo en forma de anillo. Una lástima. 

A pesar de todo, con 36 primaveras a sus espaldas, mientras la mayoría de los jugadores se dedican a redactar su discurso de despedida pensando en el día de su retirada, Steve prefiere emplear el tiempo en encadenar un 20-10 tras otro haciendo lo que mejor sabe hacer; desplegar su buen juego en torno a sus  compañeros para conseguir que suban un escalón. O dos.


14 puntos, 10 rebotes, 2 asistencias.

Curioso. No son números como para tirar cohetes. Podríamos estar ante las cifras de un buen jugador. Competente, pero no brillante. Fiable, pero no decisivo. ¿Lamar Odom, tal vez? ¿Hakim Warrick? Quizás un pívot ramplón que tuvo una buena noche...

No. Increíble, pero cierto. Esta vez se trata de Tim Duncan, ese gran desconocido. Probablemente, el mejor ala-pívot de la última década, y un —casi— completo extraño fuera del mundillo NBA. 14 años dominando la liga sin hacer ruido. 14 años ganando anillos con los Spurs. En definitiva, —y el abajo firmante es un empedernido fanático Sun— 14 años erigiéndose como un ejemplo a seguir para todos los amantes de este deporte.

No importa que sus números hayan perdido su brillo, que digan que está mayor, o que no domine en la pintura como solía. Sus Spurs —muy a mi pesar— están viviendo uno de los mejores arranques ligueros que se les recuerda, y a Tim no le faltan razones para sonreír. Conoce a su equipo, conoce a sus compañeros y, lo que es más importante,  se conoce a sí mismo. Está ahí para lo que su entrenador le requiera. Y no pondrá ningún «pero».



En los tiempos que corren, los de Rondo y Griffin, los de Durant y Howard, los de Rose y Stoudemire, muchos a veces olvidan lo que estas leyendas vivientes han hecho y siguen haciendo para mantener esta liga en lo más alto. No es necesario echar la mirada atrás. Aún no. Disfrutemos con sus últimos destellos antes de que no nos quede otra opción que la de ponernos nostálgicos y echarles de menos mientras observamos maravillados los vídeos con sus mejores jugadas.


Un saludo y feliz año nuevo.